Matanza en la universidad de estados unidos
Así de estremecedor era el testimonio que Joshua daba ayer a la cadena de televisión CNN, sin saber aún que al menos 32 de sus compañeros yacían muertos en las aulas que acababa de abandonar en medio de un ataque de pánico. Con los tobillos rotos, la adrenalina les permitió seguir corriendo como alma que lleva el diablo. Los cuerpos médicos habían atendido al menos a 29 personas.
El incidente registrado en el campus de la Universidad Politécnica de Virginia, en la localidad de Blacksburg, estaba siendo tratado a esa hora como un tiroteo más de los muchos que ocurren en Estados Unidos, pero pronto habría de convertirse en la mayor tragedia universitaria de la historia de Estados Unidos. A lo largo del día, a medida que aparecían más cadáveres por los pasillos y aulas, el país se quedaría sin antecedentes con que compararlo. “Se trata de una tragedia de dimensiones monumentales”, advirtió con tono fúnebre Charles Steger, presidente de esta universidad privada, cuando al fin recuperó el temple para hablar ante la prensa.
El campus había vivido tantos incidentes en los últimos tiempos que los alumnos parecían inmunizados ante el despliegue policial. Apenas el viernes pasado, se recibió una amenaza de bomba que resultó ser falsa, y en agosto, durante el primer día de clase, la Policía invadió las instalaciones en busca de un preso fugado, después de advertir a los estudiantes de que se encerraran en sus dormitorios y no abrieran la puerta a nadie.
Los primeros disparos habían ocurrido poco después de las 7 de la mañana en uno de los edificios dormitorios, el West Ambler Johnston Hall, pero no fue hasta dos horas después cuando se produjo el grueso de la masacre en otro edificio del campus que alberga a 25.000 estudiantes.
El Norris Hall, que imparte clases de ingeniería, se convertiría en un auténtico cementerio del que los estudiantes huían despavoridos. Anoche, todavía, Matt Waldron, daba fe de que él y muchos de sus compañeros seguían encerrados en sus habitaciones “nerviosos, muertos de hambre y sin poder creernos lo que ha pasado”.
